Proteínas, carbohidratos y grasas: qué dice la evidencia científica actual?
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Antiguamente se creía que bastaba con hablar de grasas, proteínas y carbohidratos, sin embargo hoy nos damos cuenta de que no da lo mismo el tipo u origen de cada uno de estos nutrientes cuando el objetivo que buscamos es estar más saludables.
Entre 2025 y 2026 han salido nuevas actualizaciones de guías clínicas para el manejo de enfermedades y de guías de alimentación para la población de diferentes países, en las cuales se ve una tendencia clara a prestar especial atención al tipo de macronutrientes que se recomiendan.
Así, entre los carbohidratos, las recomendaciones apuntan a preferir aquellos considerados “complejos”, contenidos en granos integrales como quínoa, avena, arroz integral, pan y fideos integrales, mote, amaranto, etc. y que también están presentes en legumbres como porotos, lentejas y garbanzos y en leguminosas frescas como choclo, arvejas y habas. También se recomienda incluir carbohidratos contenidos en vegetales y frutas. Estas últimas idealmente deben ser consumidas con cáscara cuando esto sea posible o pertinente (no, no necesitas comer la cáscara de la naranja jejeje)
Entre las grasas, las recomendaciones apuntan hacia preferir las grasas mono y poliinsaturadas y reducir la ingesta de grasas saturadas y grasas trans (aunque esto no es nuevo de 2025 - 2026). En lo concreto, esto sería obtener las grasas que necesitamos a partir de alimentos ricos en grasa de origen vegetal, como frutos secos, semillas, aceite de oliva, palta y aceitunas. El aceite de coco y de palma son la excepción ya que son de las pocas fuentes de grasa saturada de origen vegetal.
Por último, entre las proteínas es donde se encuentra la mayor diferencia en estas actualizaciones: el llamado es preferir las proteínas vegetales por sobre las de origen animal, lo cual es muy llamativo e impopular entre profesionales de la salud y pacientes. Esto último hace que sea más importante aún que profesionales de la salud estén informados/as y actualizados/as para entregar una atención adecuada y libre de sesgos comunes por desinformación o preferencias personales. En la práctica, este cambio se traduce en incluir proteínas principalmente a partir de legumbres pero también a partir de frutos secos y semillas.
Así, la comunidad científica está haciendo un llamado a nivel global para cambiar nuestros sistemas alimentarios actuales por otros más efectivos que permitan abordar y solucionar los principales problemas de salud humana de la actualidad, así como también para abordar la crisis climática que amenaza nuestra salud y seguridad alimentaria en la actualidad y en el futuro.
Informarnos es clave para no caer en confusiones o modas que no llevan a un cambio real o profundo que resulte en un mayor estado de bienestar.
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