Cinco técnicas infalibles para digerir mejor los alimentos
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Vivimos en una época donde comer rápido se ha vuelto la norma y nutrirnos bien se hace cada vez más difícil.
No solo porque tengamos menos tiempo para cocinar, sino porque hemos ido perdiendo algo clave: las habilidades culinarias básicas que antes se transmitían de generación en generación. Si bien nuestras abuelas quizás no hablaban de biodisponibilidad de nutrientes ni de microbiota, si sabían —intuitivamente— cómo remojar legumbres, fermentar alimentos o cocinar a fuego lento.
Hoy, en cambio, el mercado nos ofrece soluciones “listas”, muchas veces ultraprocesadas, que prometen practicidad pero no siempre salud. Y el resultado está a la vista: sistemas de salud colapsados y una epidemia global de enfermedades no transmisibles asociadas al estilo de vida.
En este contexto, la Medicina Culinaria —como ya exploramos en el artículo anterior— vuelve a poner la cocina en el centro de la salud, no desde la gastronomía “gourmet”, sino desde la ciencia aplicada a la vida cotidiana.
Porque además del qué comemos, importa mucho el cómo lo preparamos.
Cocinar también es una intervención en salud
Desde la mirada de la Medicina Culinaria, las técnicas culinarias no son solo decisiones prácticas o culturales: son verdaderas herramientas terapéuticas.
Una misma legumbre, grano o vegetal puede tener impactos distintos en el organismo según cómo se prepare. Algunas técnicas de las que hablaremos hoy, permiten, entre otras cosas:
- Mejorar la digestibilidad
- Aumentar la absorción de minerales y vitaminas
- Reducir compuestos “antinutricionales”
- Favorecer la salud intestinal
A continuación, revisamos cinco técnicas culinarias simples, accesibles y basadas en evidencia, que pueden marcar una gran diferencia en el aprovechamiento nutricional de algunos alimentos:
1. Procesamiento térmico

Hervir, cocinar al vapor, hornear o asar no solo cambia el sabor y la textura de los alimentos. El calor modifica su estructura interna, reduciendo compuestos que pueden afectar la absorción de algunos nutrientes como el hierro, y neutralizando algunos agentes patógenos.
En alimentos como las legumbres, una cocción adecuada reduce significativamente fitatos, taninos e inhibidores de proteasas, mejorando la absorción de minerales y la digestibilidad de proteínas y almidones.
2. Procesamiento mecánico

Picar, moler, triturar o licuar no altera de forma significativa la composición química del alimento, pero sí su estructura y accesibilidad digestiva.
Estas técnicas:
- Aumentan la superficie de contacto del alimento
- Facilitan la digestión
- Permiten adaptar texturas (útil en personas mayores, en infancias, personas con disfagia y otros requerimientos especiales)
Purés, sopas, cremas o batidos hechos en casa son una forma sencilla de mejorar la absorción de nutrientes sin recurrir a productos o alimentos de alto costo.
3. Remojo: un paso simple, pero con gran impacto

El remojo de legumbres y granos es una de las técnicas más olvidadas… y más efectivas.
Al sumergir estos alimentos (¡sobre todo legumbres!) en agua durante varias horas (ojalá 24 horas):
- Se reducen fitatos, lectinas y oxalatos
- Mejora la absorción de minerales como hierro, zinc y calcio
- Disminuyen molestias digestivas como gases e hinchazón
Además, el remojo activa enzimas propias del grano, acorta los tiempos de cocción y mejora la palatabilidad.
4. Germinación: “activar” el potencial del alimento

La germinación o brotación es un proceso natural en el que semillas, granos o legumbres comienzan a desarrollar un brote.
Durante este proceso:
- Se activan enzimas que “predigieren” el alimento
- Aumenta el contenido de vitaminas (especialmente del complejo B)
- Se reducen significativamente los “antinutrientes”
El resultado es un alimento más nutritivo, más biodisponible y más fácil de digerir.
Incorporar germinados (lentejas, alfalfa, granos germinados) en ensaladas, bowls o preparaciones simples es una estrategia muy utilizada en Medicina Culinaria.
5. Fermentación: aliados microscópicos para la salud

La fermentación utiliza microorganismos beneficiosos para transformar los alimentos.
Este proceso:
- Aumenta la biodisponibilidad de nutrientes como calcio, fósforo y hierro
- Aporta probióticos que favorecen la salud intestinal
- Mejora la calidad y digestibilidad de proteínas, entre otros beneficios.
Ejemplos clásicos son el chucrut, el kéfir o el pan de masa madre.
Volver a lo simple
Estas técnicas no son nuevas ni complejas. Son prácticas ancestrales, hoy respaldadas por la ciencia.
La Medicina Culinaria nos recuerda que no necesitamos dietas perfectas ni recetas sofisticadas, sino habilidades básicas que nos permitan cocinar nuestros alimentos de forma inteligente.
👉 Si quieres leer más sobre este enfoque, te invitamos a leer nuestro artículo anterior sobre Medicina Culinaria, donde exploramos cómo la cocina, la nutrición y el coaching se integran para mejorar la salud de las personas.
👉 Y si quieres aprender cómo llevar estas técnicas de la teoría a la práctica, con preparaciones sencillas, accesibles y sabrosas, inscríbete al Ciclo Anual de Talleres de Medicina Culinaria.
👉 Si te fascina el mundo de las legumbres, acá tenemos una Guía completa creada con mucho cariño para que aprendas todo sobre este grupo de alimentos tan rico y versátil!
Nos leemos pronto,
Sol y Pau